Cómo se puede usar el insecticida en cultivos

Cuando se trata de la salud del ser humano, son muchas las restricciones de la sostenibilidad con respecto al uso de insecticidas, pero además se incluyen los ecosistemas agrícolas (ejemplo, los insectos beneficiosos o bio-insecticida vegetal), el medio ambiente, en su sentido más amplio (como aquellas especies que no son el objetivo, paisajes y comunidades) y la selección de los rasgos que confieren la resistencia a los insecticidas.

En tal sentido, quizás se pueden encontrar diversos ejemplos en donde los insecticidas generaron gran impacto positivo como insecticida acaricida en todas aquellas variables, mientras que también se hayan otros ejemplos donde los peligros que representaban fueron mitigados (por accidente o por diseño).

La agricultura es, al parecer, algo realmente sencillo cuando solo nos dedicamos a la escritura, o cuando estamos sumamente distantes de los campos. De esto hacía referencia en 1956 Dwight D. Eisenhower, en su discurso Presidencial.

De los aproximadamente 150 millones de km2 con los que cuenta el mundo, el 10% de su área total de tierra se encuentra dedicada a la producción agrícola, donde el 55% de ellas son praderas, pastizales y bosques, mientras que el resto no es apto para el uso agrícola. En su mayoría, esta área de producción agrícola depende de métodos agrícolas que son convencionales, como el uso de insecticida bayer garden empleado generalmente en el cultivo de cannabis.

En otras palabras, que incluyen la aplicación de productos agroquímicos sintéticos que, aún cuando se han presentado pronunciamientos que indican lo contrario, han continuado satisfaciendo las demandas del crecimiento de la población humana.

A nivel mundial, desde la década del 60, se ha visto un incremento en la población, la productividad agrícola se ha visto aumentada en 2,6 veces, mientras que los terrenos que son cultivables y productivos solo han aumentado en un 10 %.

Aunque ha sido vertiginosa la productividad en Europa, Asia, las Américas y Australasia. En cuanto a la producción total de África (más allá de diversos éxitos locales), ha continuado disminuyendo a consecuencia de una obstinada combinación entre sequías, conflictos civiles, degradación de la tierra, métodos agrícolas deficientes y sistemas desfavorables de tenencia y propiedad de tierras.

Sin embargo, tales triunfos tan solo nos muestran las consecuencias de una intensificación del sector agrícola. La agricultura intensiva ha sido responsable de la contaminación tanto del aire, como del agua y del subsuelo, la eutrofización de los sistemas acuáticos, las emanaciones de gas invernadero, siendo también la fuente antropógena con más relevancia de amonio, que es la causa principal de la lluvia ácida.

La amplitud y los métodos agrícolas, aunque no sean estos necesariamente insecticidas, condujeron a la pérdida extensiva y permanente de la biodiversidad en gran cantidad de lugares como las comunidades de invertebrados, mariposas en el Reino Unido; aves que vivían en terrenos agrícolas en Europa; los anfibios en Australia y América del Norte. Y en medio de todo, hay que asumir que dichos patrones se presentan a nivel mundial.

La misma sostenibilidad de la agricultura moderna se ha visto afectada por su propio impacto en la degradación de los suelos, salinización, disponibilidad de agua y la reducción de la diversidad de cultivos, ganadería y ecosistemas agrícolas.

A nivel global, la agricultura se encuentra operando en un mercado que es cada vez más libre, aunque continúa siendo subsidiada en algunos países desarrollados. De modo que, esta siendo conducida por el clima, la demanda, los suministros, y la competencia priorizando la ganancia más allá de la necesidad social.

En nuestros días, un aproximado del 15% de las personas en el mundo padecen de desnutrición, por lo que se estima que para el año 2050, tal sistema cargado de presiones concomitantes sobre el medio ambiente, se encontrará obligado a alimentar una población de 9 mil millones de personas.

La mayor parte de la producción agrícola se está trasladando a los países en vías de desarrollo debido a que muchos países del hemisferio norte eligen no optar por la autosuficiencia agrícola. Un ejemplo de ello es que durante la última década se ha llegado a experimentar una reducción de 12% de la autosuficiencia en lo que respecta a los alimentos de primera necesidad en el Reino Unido, siendo muy probable que en la actualidad estos alimentos se produzcan localmente como también sucede en Perú o Etiopía.

Tales cambios en los patrones de producción son debidos a la expansión global que vive el comercio y que ha motivado a los países en vías de desarrollo a buscar sistemas agrícolas competitivos para la exportación, aunque para un número significativo de materias primas los mercados se encuentran saturados y los precios han disminuido.

De manera que, con la creciente globalización de la producción de alimentos se hace presente la responsabilidad colectiva de proteger el sustento y la ganancia de las comunidades agrícolas, en tanto se preserva la biodiversidad que aún existe y los servicios que provee el ecosistema.